¿Es realmente el agua la mejor forma de hidratarse? Crece el debate
El motivo de este artículo es la polémica que creamos desde Equilibrium Total cuando informamos a clientes y amigos que no ingerimos agua pura desde hace más de 20 años, sino que nos hidratamos de otras muchas maneras. Así, hemos querido recoger en este artículo la teoría que justifica tal práctica.
El modelo tradicional de hidratación prioriza el consumo de agua como fuente principal para mantener el equilibrio hídrico. Sin embargo, distintos estudios sugieren que la eficiencia de la hidratación depende no solo del volumen de líquido ingerido, sino de la matriz alimentaria y de la dinámica celular de absorción y retención de agua. En particular, se ha propuesto la hipótesis de que un consumo excesivo de agua podría inducir cambios abruptos en el volumen celular —hipertrofia y contracción osmótica — que podrían afectar la función fisiológica. Este artículo revisa estas perspectivas, incluyendo estudios sobre bebidas con electrolitos, alimentos ricos en agua y la regulación osmótica celular.
1. Introducción
La hidratación es esencial para funciones como la homeostasis electrolítica, la termorregulación y la actividad metabólica celular. El consumo de agua potable ha sido considerado durante décadas como la estrategia central para mantener el equilibrio hídrico (Popkin et al., 2010).
No obstante, investigaciones recientes sugieren que la eficiencia de la hidratación depende de factores adicionales, incluyendo la composición de solutos, la velocidad de absorción intestinal y la dinámica del agua a nivel celular (Maughan et al., 2016). Entre estas teorías, algunos autores plantean que un exceso de agua puede inducir cambios repetidos en el volumen celular que podrían ser perjudiciales a largo plazo, afectando la homeostasis celular y la señalización osmótica (Kavouras, 2002).
2. Fisiología de la absorción y retención de agua
La absorción de agua ocurre principalmente en el intestino delgado mediante transporte osmótico pasivo y activo, asociado al transporte de sodio y glucosa a través del cotransportador SGLT1 (Wright et al., 2011). La cantidad de agua que ingresa a la circulación puede generar cambios en la osmolaridad extracelular, lo que provoca un flujo de agua hacia dentro o fuera de las células para equilibrar los gradientes osmóticos.
Se ha hipotetizado que un consumo excesivo de agua, especialmente de forma rápida, puede inducir ciclos de sobrehidratación y deshidratación relativa a nivel celular. Estos ciclos podrían generar estrés osmótico crónico, afectando la función de mitocondrias, canales iónicos y la regulación de volumen celular (Hooper, 2015).
3. Índice de hidratación de bebidas (BHI) y retención hídrica
El Beverage Hydration Index (BHI) evalúa la retención hídrica relativa de distintas bebidas frente al agua pura. Bebidas con electrolitos y nutrientes (leche, soluciones de rehidratación oral) muestran valores de BHI mayores que el agua, reflejando una menor diuresis y una retención más sostenida (Maughan et al., 2016).
Desde la perspectiva de la hipótesis celular, la presencia de solutos ayuda a moderar los cambios de volumen celular tras la ingestión de líquidos, reduciendo el riesgo de estrés osmótico asociado al consumo excesivo de agua pura.
4. Contribución de alimentos sólidos a la hidratación
Entre el 20% y el 30% de la ingesta hídrica proviene de alimentos sólidos, especialmente frutas y verduras (EFSA, 2010). Estos alimentos aportan agua intracelular acompañada de solutos, fibra y compuestos osmóticamente activos, lo que permite una liberación gradual de agua en la circulación y minimiza fluctuaciones abruptas del volumen celular (Stookey, 2005).
Este enfoque contrasta con la ingestión rápida de grandes volúmenes de agua, que puede inducir hipertrofia osmótica transitoria de las células y activación de mecanismos compensatorios de excreción renal.
5. Regulación homeostática y riesgos potenciales
El organismo regula el equilibrio hídrico mediante vasopresina, sed y función renal (Armstrong, 2007). Sin embargo, ingestas muy elevadas de agua pueden superar temporalmente estos mecanismos, generando hipotonicidad plasmática, edema celular y riesgo de hiponatremia (Verbalis, 2010).
Aunque estos efectos son poco frecuentes en personas sanas, la teoría emergente advierte que ciclos repetidos de ingesta excesiva y eliminación rápida de agua podrían tener impactos sutiles en la función celular y metabólica, especialmente en tejidos sensibles al volumen como cerebro, riñón y músculo esquelético (Kavouras, 2002).
6. Limitaciones y evidencia actual
La evidencia sobre los efectos a largo plazo de la sobrehidratación celular es ciertamente limitada y mayormente teórica. Los estudios experimentales existentes se centran en cambios agudos en osmolaridad y volumen celular, y no han demostrado de manera concluyente consecuencias clínicas significativas en individuos sanos (Hooper, 2015).
Por tanto, la hipótesis requiere más investigación controlada, incluyendo estudios longitudinales y análisis de biomarcadores de estrés osmótico celular. Pero lo que sí podemos decir desde Equilibrium Total, es que tras más de 20 años hidratándonos de manera alternativa al agua pura nos mantenemos en forma y sin padecimientos. Incluso hemos percibido que evitamos por ejemplo procesos gripales o que, en su caso, sus síntomas son mucho más débiles que cuando consumíamos agua pura.
7. Conclusiones
El agua sigue siendo una fuente segura y eficaz de hidratación. Sin embargo, la evidencia sugiere que:
- La hidratación óptima depende tanto del volumen como de la composición de la bebida o alimento.
- La ingestión de líquidos acompañados de solutos (electrolitos, macronutrientes) puede reducir fluctuaciones abruptas de volumen celular.
- La teoría de la sobrehidratación celular plantea riesgos potenciales, aunque no comprobados clínicamente en personas sanas, y refuerza la importancia de un enfoque integral: agua, alimentos ricos en agua y bebidas con electrolitos.
Referencias
- Armstrong, L. E. (2007). Assessing hydration status: the elusive gold standard. Journal of the American College of Nutrition, 26(5 Suppl), 575S–584S. https://doi.org/10.1080/07315724.2007.10719661
- European Food Safety Authority (EFSA). (2010). Scientific Opinion on Dietary Reference Values for water. EFSA Journal, 8(3), 1459. https://doi.org/10.2903/j.efsa.2010.1459
- Hooper, L. (2015). Water-loss (intracellular) dehydration and health outcomes: a review. Nutrition Reviews, 73(1), 35–47. https://doi.org/10.1093/nutrit/nuu029
- Kavouras, S. A. (2002). Assessing hydration status. Current Opinion in Clinical Nutrition & Metabolic Care, 5(5), 519–524. https://doi.org/10.1097/00075197-200209000-00012
- Maughan, R. J., Watson, P., Cordery, P. A., Walsh, N. P., Oliver, S. J., Dolci, A., Rodríguez-Sánchez, N., & Galloway, S. D. R. (2016). A randomized trial to assess the potential of different beverages to affect hydration status. The American Journal of Clinical Nutrition, 103(3), 717–723. https://doi.org/10.3945/ajcn.115.114769
- Popkin, B. M., D’Anci, K. E., & Rosenberg, I. H. (2010). Water, hydration, and health. Nutrition Reviews, 68(8), 439–458. https://doi.org/10.1111/j.1753-4887.2010.00304.x
- Stookey, J. D. (2005). High water intake associated with lower body weight. Obesity Research, 13(3), 448–456. https://doi.org/10.1038/oby.2005.48
- Verbalis, J. G. (2010). Disorders of water balance. Handbook of Clinical Neurology, 95, 521–544. https://doi.org/10.1016/S0072-9752(10)95027-0
- Wright, E. M., Loo, D. D. F., & Hirayama, B. A. (2011). Biology of human sodium glucose transporters. Physiological Reviews, 91(2), 733–794. https://doi.org/10.1152/physrev.00055.2009
- World Health Organization (WHO). (2005). Oral rehydration salts: Production of the new ORS.


